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La prohibición de envejecer que recae sobre la mujer
abril 1, 2025Hay un momento en la vida de cada mujer donde la imagen de la superheroína se convierte en una armadura sofocante. Una coraza construida con retazos de expectativas ajenas, mandatos sociales y una exigencia interna demoledora que nos susurra constantemente: «tienes que poder con todo«.
Ser mujer en este mundo es una experiencia de resistencia permanente. Nos educaron para ser supermujeres, antes de que existiera siquiera el concepto de superhéroe.
«Madres, trabajadoras, amantes, amigas, hermanas, cuidadoras, gestoras emocionales de todo un ecosistema que descansa sobre nuestros hombros».
La fortaleza se nos vendió como un imperativo. Como si la debilidad fuera una marca de vergüenza, como si mostrarnos vulnerables fuera sinónimo de fracaso. Aprendimos que ser fuertes significaba no mostrar dolor, no pedir ayuda, no reconocer nuestro agotamiento.
Pero la verdad es simple y radical: viniste a ser feliz, no a ser fuerte.
La felicidad no es una medalla que se gana por soportar más, por aguantar más, por resistir más. La felicidad es un estado de conexión contigo misma. Es reconocer tus límites, honrar tu cansancio, permitirte ser imperfecta.
Ser vulnerable no es ser débil. Es ser valiente. Es reconocer que no puedes con todo y que está bien no poder. Es entender que tu valor no está en la cantidad de tareas que logras hacer simultáneamente, sino en la profundidad con la que te amas.
«La mujer moderna no necesita ser una superheroína. Necesita ser humana».
Necesita espacios para descansar, para equivocarse, para regenerarse. Necesita quitarse la armadura y reconectar con su ser más auténtico.
El mundo nos ha vendido la idea de la mujer multitarea como un superpoder. Pero la verdadera transformación está en aprender a delegar, a decir que no, a establecer límites… en entender que no todo depende de nosotras y que está bien así.
No viniste a demostrar lo fuerte que puedes ser. Viniste a experimentar, a crecer, a disfrutar. Viniste a ser feliz en tu propia complejidad, en tu propio ritmo, con tus propias reglas.
La felicidad no es un destino, es un estado de consciencia. Es mirarte con compasión. Es reconocer que cada día que logras ser auténtica, que logras respirar sin culpa, que logras elegirte, es un día ganado.
Suelta la idea de ser wonder woman. Abraza la idea de ser simplemente tú. Imperfecta, en proceso, en constante transformación. Una mujer que elige su felicidad por sobre cualquier mandato externo.
No estás aquí para ser fuerte. Estás aquí para ser libre.
Soltemos juntas la culpa que te sofoca. Recorramos el camino hacia tu libertad.
Con amor,
Claudia Girón
@psclaugiron